Voces Vagamundas/ mayo 13, 2017

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Un viaje en moto

San Juan del Sur- Ometepe.

Todo lo trascendente de nuestra empresa se nos escapaba en ese momento, solo veíamos el polvo del camino y nosotros sobre la moto devorando kilómetros en la fuga hacia el norte. ERNESTO CHE GUEVARA

Quizá sea exagerado decir que me he pasado media vida en moto, pero con un tata motorizado no hay más que acostumbrarse sí o sí, así fue que desde niña amé la sensación de libertad del aire aventurándose contra la cara, enredando los cabellos a trompicones, para mí no era la misma sensación que subirse a un carro, a un bus, ni lo misma sensación del lento caminar. He llegado incluso a tener la capacidad de quedarme dormida mientras viajo en ella, como si la velocidad tuviese la capacidad de hipnotizarme y sumirme en el más peligrosos de los sueños, hasta que el propio peso de tu cabeza tropiece con la gravedad del viento a más de 50 km por hora. Una motocicleta es capaz de llevarte siempre más lejos, con la capacidad de surcar caminos más angostos, senderos más escarpados y remotos. Además, no deja de ser una opción económica e imperdible a la hora de viajar por la hermosa ciudad del San Juan del Sur. Cuando en el 2014 improvisamos un viaje que pretendía recorrer la bahía y todas la playas del pacífico sur de Nicaragua jamás imaginamos que ese sería nuestra puerta a recorrer multiplicidad de lugares.

PicsArt_05-08-07.57.53

 

A San Juan del Sur la llaman la capital de la diversión por su intensa vida nocturna, sus bares y restaurantes encallados a la orilla del mar, frente a cientos de barquitos y veleros que se despliegan por la bahía, justo debajo del Cristo redentor que nos mira desde la altura con su dedo acusador. Todo esto la hace atractiva a miles de turistas que llegan durante todo el año buscando un oasis de la rutina. San Juan del Sur se basa en un pequeño pueblito cargado de hostales y hoteles y que puedes recorrer a pata sin ninguna dificultad en menos de media hora. Nosotros cada vez que íbamos a San Juan del Sur nos quedábamos en un hostel que no era más que una casa colonial vieja que se había divido para dar paso a una serie de habitaciones sin baño que no ascendían su precio a 15 dólares y con baño 25 dólares la noche, pero que tenía unos balcones frente al mar que te quitaban el aliento con los amaneceres y por la madrugada servían para darte cuenta de todo el desmadre que es capaz de engendrar la noche y su locura necesaria en un sitio como este.

PicsArt_05-08-08.30.31

Por nuestra parte, como buenos vagamundos inquietos, queríamos ir más allá de la bahía y conocer no solo la ciudad, sino también todas las playas a su alrededor, todas esas playas que bordean el Pacífico Sur nicaragüense hasta casi tocar frontera de nuevo con nuestro país, no basto mucho tiempo para descubrir que los transportes públicos para las otras playas o del todo no existen o si acaso habrá uno que otro servicio al día. Los taxis (colectivos todos) suelen ser una opción rentable, pero no del todo cuando se pretende ahorrar y conocer la mayor cantidad de lugares posibles. Viajar en una shutle puedes ser una opción confiable y relajante de viajar, pero siempre te impide disponer del tiempo a solamente tu antojo. Así que solo nos quedaba la opción de rentar una moto y ponernos en ruta hacia donde quisiésemos, liberados de los horarios de los buses, sin ninguna ruta predispuesta a seguir o dejar de seguir, sin paradas obligatorias, a lo vagamundo pues. Nicaragua es el mejor lugar para hacerlo, los precios de alquiler no suben de 20 dólares por TODO el día y puedes rentar una moto sin acaso contar con la licencia o en el caso de Danny, siquiera saber conducir o haber conducido una moto anteriormente, así es, fue tanta mi insistencia en querer viajar en moto y no en cuadraciclo como quería Danny, que terminamos una mañana escogiendo entre una hilera inmensa de motos, de diferentes estilos y colores. Yo, por supuesto, la preferí montañera. Nunca olvidaré la cara de una señora que al vernos salir de la renta solo supo persignarse abiertamente  con cara de espanto. Rato después de habernos encaminado fue que llegó la confesión por parte de Danny, quien entre viento y polvo me dijo que hace media hora había leído en internet cómo manejar una moto y así fue como se decidió a complacer mi imprudente capricho.

PicsArt_05-08-08.04.44

Nuestro primer rumbo era conocer Playa Maderas y la hermosa playa de Marsella.  Playa Maderas se caracteriza por su ambiente bohemio de hostel de playa, allí todos parecen no haberse dado un baño en días más que en el hermoso mar que se presenta armónico. Puedes surfear, caminar y ver toda clase de personas disfrutando de lo mismo, estuvimos poco tiempo acá por nuestra ineludible necesidad de soledad, pero no dejó de ser toda una aventura llegar hasta ahí surcando los polvorientos y peligrosos caminos que subían y bajaban perpendicularmente haciendo del camino en moto, tanto para nosotros como para los otros primerizos, todo una odisea un tanto riesgosa de imitar. Los raspones no fueron lo suficientemente profundos como para inhibirnos a seguir nuestra aventura los días siguientes.

PicsArt_05-08-08.42.24

Los caminos de Nicaragua son todos perfectamente solitarios, de vez en vez puedes ver uno que otro pueblo perdido que te da la impresión fantasmal de ser sin tiempo o lucha más que con el sol que se recarga en los hombros, tan picante como inquieto. Todos parecen poseer el arte tan claudicado de disfrutar la vida sin movimiento alguno más que del polvo que husmea por cada ventana, rincón, rendija o mirada. Ese aire meditabundo que flota sobre las flores de sacuanjoche puede hipnotizarte de una libertad buscada inigualablemente. Una de los mejores playas, a mí parecer, del Pacífico Sur nicaragüense es playa Hermosa, ubicada a solo 12 km de San Juan del Sur, esta es una playa semiprivada que cuenta con un único hotel ecológico, por lo que puedes disfrutar tanto del agua cristalina como de la ausencia necesaria de construcciones humanas. Inclusive si el atrevimiento y la libertad llegan a tal punto puedes convertirla en una playa nudista (lo digo por si alguien quiere que el sol llegue a donde no llega usualmente). Pocos conocen esta playa por su inaccesibilidad y poca difusión turística, pero es una opción totalmente necesaria para quienes desean aventurarse en la soledad y en la intimidad del mar, perderse entre las cuevas rocosas que vigilan el horizonte.

Otra de las cosas imperdibles por hacer en San Juan del Sur es visitar el mirador del Cristo Redentor, aunque si piensas subir a pata es muy probable que termines maldiciendo antes que agradeciendo el paisaje, puesto que el camino es lo suficientemente empinado como para darte la sensación de escalar los pirineos o la de saltar al abismo . En moto la sensación puede ser un tanto suicida y hacerte declamar el testamento anticipadamente y en susurros saltones, pero llegados ahí es fácil abstraerse completamente sumergidos en la luna creciente que nos dibuja la bahía frente a nuestros ojos.

Otra opción para comerte las calles de San Juan del Sur es la bici, ya sea que rentes una o te la presten (como en nuestro caso) es siempre alucinante poder ir un poco más lento bordeando el mar y las calles cargadas de artesanías. Admiro profundamente a quien da su vuelta al mundo en bici, ya que es toda una inmolación hoy en día moverse sin la necesidad del petróleo y además están los carros y las motos reclamando su derecho absoluto y dictatorial sobre las calles.

A nuestro paso por San Juan del Sur, le siguió nuestra visita imperdible a Ometepe, que con sus senos desiguales nos llamaba a perdernos en las faldas del volcán Concepción y el volcán Maderas. Para llegar a Ometepe debes devolverte a la ciudad de Rivas y llegar al puerto San Jorge desde donde sale «El che Guevara», nombre peculiarísimo del ferry que se tambalea peligrosamente por el lago Cocibolca, si sos de los que le atacan las naúseas por los revoloteos del viaje es mejor que no vayas en la parte de abajo del ferry, desde donde puedes salpicarte con agua los dientes y terminar abrazada de cualquiera que esté a tu lado en la banca, inclusive es probable que un pez salte a tus regazos. Arriba del ferry la lucha es con el viento que te jala afanosamente haciéndote dreds hasta en las axilas.

Llegados a Ometepe lo primero que hicimos (adivinen) fue rentar una moto, acá también el transporte se vuelve imposible y la isla inmensa no puede acapararse con tan solo unos días. Ometepe es deliciosamente solitario, si bien es cierto hasta aeropuerto tiene, no es posible obstinarse con el aglomeramiento turístico, puesto que en todos lados es posible estar solo, incluso caminar por las calles luego de las seis es todo una aventura, ya que toda la ciudad se apaga completamente por su falta de alumbrado público. La oscuridad a mí en particular me parece mágica y una verdadera oportunidad para tantear el instinto de movernos sin chocar con las cosas, despertar nuestra visión nocturna a través de las sensaciones nos permite ver las cosas sin el filtro de los colores.

Ometepe es además una opción excelente para el kayak extremo, que ¿por qué Kayak extremo? Quedan advertidos que el viento que sopla en el Cocibolca puede hacerte imposible girar a punta de remo o siquiera moverte, admito que si no hubiese sido porque escogimos un kayak doble no hubiese avanzado más de cinco metros. Danny se lleva todo el mérito, pues fue un genio del kayak desde el primer momento y me llevó a un extremo del lago completamente natural y libre con una vista hacia el volcán Concepción que puede hacerte llorar de la emoción, lo único malo (o buenísimo diría yo) es que perdimos el tiempo y la noción de alquiler del kayak (las horas pasaban y el alquiler subía) y terminamos esa parte (aparte de pagar extra) haciendo un almuerzo improvisado, nadando, jugando, perdiéndonos en la tarde y en nuestras miradas recién enamoradas que no habían planeado nada de nada, pero que habían recibido un regalo del cosmos sin igual. Así son los viajes improvisados, pueden sorprenderte dislocando la rutina acrobáticamente. Este viaje en particular nos dejó muchísimas cosas de viajar en pareja que seguiré compartiendo con el resto de viajes que se vienen. De nuevo Nicaragua nos recibió a puertas abiertas, nos dejó enamorados y con ganas de más viajes vagamundos…

remando

Deja un comentario