Voces Vagamundas/ mayo 28, 2017

 

Es una rebeldía conmovedora la de estos yoremes, yoremías- respetadores del respeto, nómadas pero no errantes porque caminaban su territorio, “no a tontas y locas por el mundo”- porque arrinconados en una modernidad que supuso haberlos borrado, ellos siguen insistiendo en reinvindicar que la autonomía empieza por unificar el pensamiento propio, es decir, quitarle lo fragmentado y fragmentario.

«No somos nadie para despertar a otros. Solamente que es nuestro deber.»

Mucho de lo que nos mueve por el camino es todo aquello que podamos aprehender de las filosofías indígenas de todos los pueblos de nuestra América Latina y el mundo, sería interminable la labor si fuésemos recopilando trozos de una por una, pero la vida dirá cuánto de ello podremos retener y aplicar y cuánto de ello ignoramos por seguir anclados en la indiferencia y en el olvido. Lo que queda ahora es empezar la labor ardua. Dicen los mayo-yoremes, tribu indígena que se mantiene en lucha junto al Ejército Zapatista de Liberación Nacional contra la colonización interminable de los gobiernos neoliberales, en los poblados de Sonora y Sinaloa, que el verdadero arte de la memoria es el arte de la atención y que la más alta posesión de una persona es su memoria. Así que acá empieza una serie de textos que lo que buscan es resarcirnos del olvido y escarbar en la memoria de las culturas que nos reclaman una voz dentro de este bosque de voces vagamundas. Nuestra texto fundacional, por decirlo de una forma, dentro de este amor nuestro indigenista y nómada, es el documental malécu jaica, del cual les dejó el link para que saquen una chance y descubran la cultura malécu a partir de un proyecto musical de diversificación lingüística.

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Este primer post se debe a un librito heredado que tengo y que justo ahora me vengo a enterar que en Internet y en México está agotado. Lo llevo conmigo hace buen rato y como ya dije: la vida misma lo puso en mis manos de forma gratuita, como todo lo que nos gusta a los nómadas.  Lleva por título como ya les adelanté: Una espina es un bosque de advertencias (Wepo witcha senu amiata nooka) y se basa en la recopilación del pensamiento del consejo de ancianos de la tibu yoreme de Cohuirimpo. El libro es principalmente contestatario ante las diferentes situaciones que enfrenta la tribu mayo- yoreme en la zona debido al monocultivo de riego con niveles de agrotóxicos enfermantes, al despojo de las tierras y a su desplazamiento tanto geográfico como a nivel de conciencia cultural. Ante el enfrentamiento de este desplazamiento se buscó preservar la memoria para que esta viajara a más rincones del mundo y que no se perdiera. Entre los colaboradores de la edición del texto se encuentran CS Fund, GRAIN, Colectivo Coa, Ojarasca, editorial Itaca y el Consejo de Ancianos de la Tribu Yoreme de Cohuirimpo, Sonora, en México. El esfuerzo de divulgación siempre encuentra tierra para su semilla y nunca debe ser en vano y, en este caso, creo que nos aporta mucho en nuestra filosofía nómada, pan de cada día.

Reproduzco y desordeno uno de los textos compilados para que entiendan la magnitud poética y cosmovisionaria que se puede alcanzar con la memoria indígena, lo que el consejo de los mayo nos propone con estas preguntas, es que cada quién intente las suyas como ejercicio para fortalecer el cuerpo del pensamiento.

El pensamiento y sus afinidades

Para ser sabios y libres, es el cuerpo del pensamiento lo que debemos cultivar, del mismo modo en que cultivamos el universo que nos pregunta:

En qué se parece tu pensamiento a los millones de estrellas que anidan en el cielo.

En que las estrellas son palabras y para entender lo que significan, es preciso leerlas en un orden preestablecido.

En qué se parece tu pensamiento al viento de la tarde.

La primera aurora bañará la selva oscura y con su luz fluorescente y pura, decorará la inmensidad de la mente humana.

En qué se parece tu pensamiento a un águila en vuelo.

Es preciso que el vuelo sea con ojos de águila y espíritu de niño.

En qué se parece tu pensamiento a la montaña.

La montaña puede ser un lujo privado y costoso

En qué se parece tu pensamiento al relámpago.

Todo lo ilumina, aclara lo confuso, descubre lo oculto y encuentra lo perdido.

En qué se parece tu pensamiento al horizonte.

No envidio la felicidad de otro recibiendo buen pago de esta satisfacción; si me contento un poco, lo suficiente será el horizonte.

En qué se parece tu pensamiento al bosque.

En que desde el fondo del tiempo suspira el aire, la voz que habla en el silencio, la luz encendida en el cuerpo del pensamiento. Ninguno predica mejor sermón que el bosque.

En qué se parece tu pensamiento al árbol.

En que amar al árbol es comprender la vida. Un árbol sale de debajo de la tierra para mirar el sol, y compadecido de los pájaros, abre los árboles para protegerlos y compadeciéndose de nosotros, nos da cuanto posee, recoge cada mirada como un beso y cada gota de agua como una caricia, la bondad en silencio. Además de filósofo, historiador y poeta: el árbol.

En qué se parece tu pensamiento al amor.

Todos hemos nacido para el amor, es el principio de nuestra existencia como también es el fin.

En qué se parece tu pensamiento a los cabellos.

En que los cabellos están contados como las palabras. Solo tenemos dos lámparas que guían nuestras pisadas: la palabra parecida a los cabellos, y la desnuda ramada del pensamiento.

En qué se parece tu pensamiento a los pasos.

Para probar el propio respeto y la libertad de los pasos, se cultiva el lenguaje que escuadra la palabra (es decir los pasos), y testifica.

Raque Vaga…

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