Voces Vagamundas/ mayo 31, 2017

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

   Quizás yo no tenga buenas ideas para opinar acerca del uso correcto de los idiomas. Es claro que no escribo muy bien en la lengua castellana ni juego tan bien el arte del ajedrez como Alfonso X, El Sabio. Por más que me han enseñado mis reconocidos profesores, creo que no he podido captar ni trasmitir la esencia de la buena comunicación ni la claridad de los conceptos, pero eso no importa, así es la vida…

   Me parecen fascinantes las palabras extrañas, esas que vagamundean conmigo, las que las personas comunes sí entienden. Son tan importantes para mí las palabras ajenas y las ocultas, las místicas y espirituales, las cautivadoras y esenciales. Me interesan los significados simples, los complejos, los que pertenecen únicamente a los nativos de mi tierra: Latinoamérica. Lo interesante es que veo esas palabras todos los días, se encuentran cada día en los grafitis de la urbe y zonas rurales de esta privilegiada tierra.

   Pertenezco al tiempo de quienes aman las letras sin importar únicamente su energía vital: la utilidad. Pertenezco al tiempo que no se cuenta con “números vacíos”, sino con notas musicales y pitagóricas. Sé que el género literario favorito de mi pueblo es el chisme, pues se goza y se vive bien llevándolo de un lugar a otro y, sobre todo, se disfruta al darle ese carácter original que cada uno de nosotros los seres humanos poseemos a través de las palabras. Por eso me encantan las palabras traviesas, quizás son las mejores, aunque no me gusta compararlas con aquellas que guardamos en el alma.

   Amo las palabras ecológicas, las que llaman madre a la naturaleza: Pachamama. Quiero aprender las palabras más motivadoras que existan, porque deseo que la gente pierda la mala energía que llevan en sus venas y con ello vislumbro perder yo mi mala energía. Ciertamente la humanidad se nota desmotivada ante la falta de palabras positivamente enérgicas. Al final de cuentas pienso en todo esto porque me agrada la gente, a pesar de tanto negativismo y maldad. Creo que vivir es un privilegio, pero pocos somos conscientes de ello y sé que solamente con las palabras o la energía podemos recodárnoslo, por eso amo las palabras, ya que ellas se unifican en la mente para retratar el garabato que configura la ambigüedad y abstracción de mis ideas. Vivo leyendo las letras en los libros y grafitis que se acumulan en las paredes de los pueblos y ciudades de este rincón latinoamericano. Letras que forman palabras, palabras que forman oraciones, oraciones que son el reflejo de una idea, la tuya o la mía…

graffitti8

   La noche de un lluvioso día del mes de mayo, a través de una llamada telefónica, un hombre religioso me aconsejó que no dijera malas palabras. Me disgustó su comentario y le expliqué de una forma muy respetuosa que para mí no existen las malas palabras y que, si en realidad pudiese existir tal clasificación, la verdad es que a mí me gustaría utilizarlas siempre. Sinceramente, considero que tal perspectiva es mi forma natural de ver los códigos que usamos los seres humanos para expresarnos: la lengua. Esa manera de comprender el lenguaje se mantiene hasta hoy, porque me parece realista. Por cierto, he conocido muchos religiosos que se basan en la palabrería y no en las palabras espirituales, esto con el fin de mantener su fe.  Muchas veces hacen mal uso de ellas, aunque nunca diré que dijeron una “mala” palabra.

    Más de una vez me llamaron profesor y me disgustaba; sin embargo, siempre respeté a quienes me lo decían, incluso llegué a guardar un profundo aprecio, casi fraterno, ese que uno va arraigando por quienes poseen una energía mágica y hermosa. Con el tiempo fui aceptando que por más inapropiada que me pareciese una palabra, lo que importaba era su intención. Por esa razón amé a quienes supieron rápidamente como llamarme y me dijeron: Mae. Las abreviaturas y los diminutivos siempre han sido un detalle llamativo en el manejo de códigos en América Latina, principalmente lo he visto en mi natal Costa Rica, donde dejé de ser profesor para convertirme en “profe” y pasé de dar clases en la universidad a dar clases en la “U”. Entonces al principio nunca supe si estaba enseñando malas palabras, pero sí era consciente de mostrar la diferencia entre las malas intenciones, esas que habitan en las mentes de quienes solo quieren dinero, poder, violencia, odio y los despojos de palabras incompletas, las que no se entienden porque son gritadas por los imperialistas y asesinos del mundo. Hablo de los mismos que no tienen palabras para garantizar la paz y que únicamente saben decir un par de palabras: dinero y guerra, como sinónimos de madre y padre, respectivamente. Por lo tanto, quizás en estas personas las palabras sí estén malas de raíz y cuando salen de sus bocas se pudren en el aire y no armonizan con la acústica del entorno…

   Por todo lo anterior, un buen día dejé de creer en las “malas” palabras cuando salen de la boca de gente buena, me refiero claramente a esas expresiones consideradas vulgares, pero que son populares y nos transmiten el sentimiento colectivo de un lenguaje abierto, lejos de los convencionalismos academicistas, aisladas de la fundamentación de los intelectuales “baratos” y enajenados en su deseo de ser quienes tienen la razón, pero tengo que decirle algo a esas figuritas que trabajan en edificios renombrados: la razón es subjetiva cuando las palabras juegan en lo individual y lo colectivo . Por eso, supe que era buena hora para deseducarme tal y como lo había leído en una obra interesante de Avram Noam Chomsky, la cual me llevó a un aprendizaje real, acorde al contexto de mi existencia. Reafirmé algo que sabía desde niño y es que las palabras ofenden, sobre todo cuando van cargadas de mentira e hipocresía, pero también liberan nuestra ira cuando las utilizamos contra los tiranos que devoran y controlan al mundo.  Y afirmo, ¡qué rica libertad es decírselas en sus caras!

   Finalmente, cada día decido compartir con las personas que me transmiten palabras sinceras y, sobre todo, buena energía a través del arte. Esta última, la considero una palabra sublime que no significa otra cosa más que compartir la energía positiva que llevamos dentro, la cual es esencial para que existan mundos nuevos y conservadores de la esencia humana. Me conformo con resumir el valor de la existencia a una palabra necesaria para la humanidad: PAZ.

                                                                                                                                               El Mae…

Deja un comentario