Voces Vagamundas/ septiembre 18, 2017

 

  Los recuerdos de cataratas frescas, ríos helados, acantilados abismales, árboles frutales y campos verdes se me vienen a la mente cuando pienso en el pueblo de Sucre, ubicado en el cantón de San Carlos, sublime lugar en la provincia de Alajuela. Este sitio es una de las entradas al conocido Parque del Agua, como le llaman algunos al Parque Nacional Juan Castro Blanco en Costa Rica.

Nature

Sector afectado. Cortesía Josué G

  Resulta más sencillo escribir y alabar los aspectos positivos de un país, mientras se esconden las verdades que pueden manchar la imagen que proyecta una nación en el panorama internacional e incluso dentro de su propio territorio. Es más sencillo escribir mentiras complacientes, ya que de esta forma se evitan los enemigos y los problemas, pero se termina la vida como un vil, mentiroso y farsante, como muchas personas lo son en todas partes del mundo. No obstante,  los sonidos de nuestras voces vagamundas cantarán verdades transparentes como el agua que queremos todos en el mundo.

Varias flora y fauna C.R

Vida

  Costa Rica es un país maravilloso, eso no es secreto para nadie ni una mentira tampoco, pero ¿qué demencia ataca la mente de las dirigencias costarricenses?, ¿qué le sucede  a la ciudadanía?, ¿cuándo les dejó de importar esta noble tierra?, ¿por qué es tan descarada la actitud irresponsable contra la naturaleza? Las respuestas de estas cuatro interrogantes se resumen en una sola palabra: egoísmo. Sí, la pura verdad es que cuando más se investigan las causas del deterioro de los ecosistemas planetarios, lo que aparece como evidencia es una actitud despreocupada y egoísta, pues cada quien vive su vida sin considerar a las otras especies ni a las futuras generaciones. El gasto de los recursos naturales y su explotación son actividades constantes que no escatiman las consecuencias venideras.

  Es parte de un sueño utópico encontrar un lugar donde todas las actividades humanas sean equilibradas y no perjudiquen al medio ambiente. La humanidad se ha vuelto tan mediocre que cada vez son más las problemáticas que enfrenta el planeta con el redundante tema de la contaminación. ¿Acaso nos hemos aferrado a la idea de que ya nada cambiará y que el hecho de destruir los ecosistemas es algo tan común y efímero que no vale la pena analizarlo en una convención internacional seria, concluyente y dinámica? Quizás la única verdad es que el egoísmo de la humanidad se ha vuelto tan grande que ha segado la propia necesidad de sobrevivir y las personas se han olvidado de lo esencial que significa poseer un planeta sano y no solamente conformarse con parques o refugios naturales.

 

  Ahora bien, cuando se trata de sitios turísticos en Costa Rica, muchos visitantes piensan en los parques nacionales y las reservas naturales de vida. Este país se muestra al mundo como un lugar en donde la iniciativa de preservación ambiental está en la conciencia de cada individuo, pero no es así. Existen personas quienes por su propio beneficio maquillan las situaciones reales que se viven en las áreas “protegidas”. Este es el caso del Parque Nacional Juan Castro Blanco y las comunidades que le rodean. Por lo mencionado, estas letras no fueron escritas para recomendaciones de viaje, sino para reflexionar sobre la vida y las responsabilidades sociales. Considero este texto una invitación para que las personas irresponsables cambien su actitud hacia una vida más sana para todos.

  Si alguien lee algunas fuentes virtuales sobre los sistemas de parques y reservas de Costa Rica, se encontrará con datos que aseguran que el país posee un nivel avanzado con respecto al resto de América Latina, lo cual podría ser cierto; sin embargo, a mí me quedan muchas dudas al respecto debido al evidente conformismo social. En Heredia, por ejemplo, los índices de contaminación son más altos y evidentes que los esperados para una zona como San Carlos, por lo tanto, cuando llegué a vivir en la Zona Norte en el año 2011, aprendí rápido que en este país cada lugar tiene sus propios problemas ambientales.

  Me concentraré en el Parque Nacional Juan Castro Blanco, un lugar espectacular y majestuoso, pero con grandes contradicciones ambientales como permitir descaradamente o soportar pacientemente que el ganado vacuno pace (coma y pise) en los territorios protegidos, lo cual pone en serio riesgo a especies en peligro de extinción como el caso de la rana craugastor escocés o también llamada rana de vientre rojo, que los científicos consideraban extinta. Las comunidades alrededor del parque muestran un claro desinterés e irresponsabilidad por las tierras que se les otorgó después de voltear montañas enteras o por herencia. Las acciones contra la naturaleza afectan la salud pública y la de ellos mismos. Un ejemplo muy claro se evidencia con solo recorrer el camino que lleva al parque por el sector de Sucre y San José de la Montaña, donde los grandes terratenientes, que en su mayoría son ganaderos, tienen el descaro de contaminar las aguas y el aire a la vista y paciencia de todo el mundo. Mientras se sube al parque, se encontrará usted con varias fincas ganaderas que cargan diariamente cantidades exageradas de residuos de piña y yuca provenientes de las zonas bajas. Esto lo hacen para alimentar al ganado, ya que el pasto no alcanza para alimentar a todos los animales debido a la sobreproducción. El problema no es que lleven estos productos, sino que no se les da ningún tratamiento adecuado, puesto que las sobras que dejan los animales corren por los ríos que bañan al pueblo de Sucre, donde las familias solían bañarse amenamente tan solo unos pocos años atrás y de donde aún se extrae el agua potable para varios pueblos vecinos.

 

 

  Lamentablemente hoy se corre el riesgo de sufrir algún tipo de padecimiento como el registrado por el servicio de salud de Sucre en el año 2015 y 2016, cuando muchas personas visitaron al personal médico por presentar cuadros de vómitos y diarreas asociados al consumo de agua contaminada. Como si fuera poco, el olor de las zonas aledañas a los establos y vertederos de alimento apesta, mejor dicho: hiede. Para terminar de cagarse en todo, cerca de San Vicente, Sucre y San José de la Montaña, los malos olores y desperdicios han provocado la migración de pájaros ictéridos, mejor conocidos como zanates, que se han apoderado de los espacios que antes ocupaban otras especies de aves endémicas, algunas que están desapareciendo rápidamente.

  En suma, el agua que utilizan las lecherías tiene un cobro básico “industrial” y fijo, el cual no es acorde ni equilibrado comparado con la cantidad de uso, pues la tarifa mensual no sobrepasa los $20. Para colmo de males, algunas fincas tienen su propio acueducto y han desviado caudales para su propio beneficio y dejan correr las aguas todo el día. Lo que se evidencia es uso de grandes cantidades de líquido a su antojo, es decir, se han apoderado del río. ¡Ah claro!, no podía faltar en esta película de terror ambiental, pobladores que no conformes con obtener agua de altísima calidad proveniente del parque, se han montado una embotelladora del líquido vital para dar inicio a la expansión del lucrativo negocio de las aguas, incentivado desde la apertura y asfaltado de la carretera, lo cual no es criticable si los recursos económicos se utilizaran para el progreso equitativo de los habitantes del país y no como se hace ahora.

  Lo anterior se nos presenta como una gran ironía, injusticia y estupidez nacional, sobre todo al recordar algunas zonas de Costa Rica, donde los cortes por falta de agua son constantes todo el año, principalmente cerca del área metropolitana. Estas ciudades son el ejemplo negativo de lo que San Carlos no debe convertirse a futuro; sin embargo, el camino que se sigue hoy mismo pemirte vislumbrar que dentro de algunos años el descuido producirá caos y destrucción masiva sin solución a corto plazo. Claramente, todo lo mencionado sigue siendo tan absurdo para algunas personas que no creen en el daño ambiental. Su pensamiento es tan absurdo como lavar edificios enteros con hidrolavadoras que utilizan agua potable. Tan estúpido como importar agua embotellada de Europa, principalmente porque en Costa Rica poseemos ese valioso recurso en niveles de alta calidad, que administrado coherentemente serviría para el desarrollo tanto social como ambiental de este país y del mundo.

  El problema fundamental es que las autoridades saben que esto sucede, pero no reaccionan porque se defienden los intereses de los productores de leche o porque no saben cómo enfrentar la situación desde el punto de vista técnico, es decir, ausencia de un efectivo manejo y protección de los recursos naturales. Todo lo anterior está ligado a empresas muy importantes de Costa Rica que se preocupan más por satisfacer la demanda de lácteos en el país y fuera de él sin prestar atención al daño que están provocando al medioambiente, sobre todo quienes proveen este líquido. Lo más inaudito es que le están legando un futuro negativo a sus propias familias. Ahora bien, lo ideal sería que la producción continúe porque el país genera importantes ganancias con esta actividad, pero se debe exigir legalmente un tratamiento adecuado de los desechos a quienes lo requieran, o sea, la mayoría de los productores. También las municipalidades y los comités distritales deben planificar las salidas de agua en los acueductos, porque estos contribuyen a que la contaminación de los ríos sea más grande. Esto último es uno de los mayores problemas en la gestión de las aguas urbanas y rurales no solo de Costa Rica, sino del mundo entero.

 

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  Dicen que el ser humano es un animal de costumbres, unos más que otros. Al parecer en este país las personas se han empezado a conformar con las porquería y asquerosidades que se lanzan a los ríos constantemente. Hoy la coordenada geográfica en peligro de contaminación irreversible es el Parque del Agua y sus comunidades vecinas, mañana podría ser cualquier otro sitio costarricense o del mundo. Poner en evidencia este asunto no es dañar a nadie, por el contrario, la puesta en escena trata de elevar conciencias y conseguir que las autoridades presten la atención debida. Quizás lo que a muchos sinceramente les molesta es tener que gastar dinero en inversiones para favorecer al medioambiente, pero los recursos económicos que hoy poseen muchos fueron gracias a que la Tierra les proporcionó la capacidad productiva para desarrollarse y en muchos casos para enriquecerse.

  Sin lugar a dudas el Parque Nacional Juan Castro Blanco es un tesoro para la preservación de la vida en toda su diversidad. Visitar sus estaciones a lo largo de la Zona Norte es una aventura que no se debe dejar pasar. Al recorrer este sitio y otros más de la pequeña Costa Rica, notará (quien haya llegado a leer hasta aquí), que a este país se le está perdiendo el rumbo de la conciencia ambiental en algunos ámbitos. Sinceramente es una lástima que no todo sean buenas noticias por parte de las fuentes que experimentan la realidad, pero así es. De todo siempre se aprende y más de los errores. Nunca es negativo creer en la gente. A veces la duda sobre si las personas serán capaces de cambiar sus hábitos es una limitación para actuar y proteger la vida.  En este específico caso, la solución debe buscarse en las técnicas de tratamiento de aguas derivadas de los desechos poblacionales, agroindustriales y del ganado. Con una adecuada planificación, los paisajes cercanos a los parques nacionales servirán para desarrollar vínculos más fuertes con el turismo en particular y  el desarrollo social en general.

  Finalmente, considero un deber ciudadano que los habitantes de las zonas urbanas y rurales se tomen el tiempo para reflexionar sobre este asunto, porque es una vergüenza y  deja en evidencia la falta de educación y cultura que muchos poseen aún.  Es el colmo que la basura se nos atore en las alcantarillas e inmovilice calles nacionales de importante circulación, que por estar varadas se roban la paciencia, el tiempo y el dinero de muchas personas trabajadoras, esto además de dañar la naturaleza y la salud pública. Es una burla para nuestra identidad que la basura fluya mezclada con el agua ahora también en las zonas rurales de Costa Rica. Aquí el asunto es muy simple: “siempre se puede trabajar para cambiar los problemas de la humanidad, pero las excusas son enemigas fuertes que luchan contra la voluntad”.

 

 

El Mae (Montalbo)

 

 

 

 

1 Comment

  1. Muchas gracias por sus comentarios tan acertados, su sede en este país la doble moral del gobierno y sus pobladores. Los parques naciónales le producen a este país más de lo que se puedan inmaginar. Pero no invierten en la protección de los parques que están abandonados y olvidados. Las áreas de amortiguamiento sectores aledaños al parque, reglamentados en la ley biodiversidad, que evitarían actividades desproporcionadas que perjudicarían los ecosistemas a proteger. En nuestro PNAJCB donde laboró
    No hay personal para las casi 15 mil hs. Somos 3 funcionarios y debemos atender 48 mil hs de área de amortiguamiento. Hacemos lo pocible,por realizar la mejor función. No contamos con equipo adecuado, se requiere de más apoyo de las comunidades, nesecitamos crear una Derecion de parques nacionales
    Que vele solo por los parques. Sinac es un licuado de muchos departamentos que se tragan todos los recursos de los parques y los Guardaparques. El contrato del Guarparques más joven fue hace 16 años.
    Más la semana pasada contrataron más funcionarios con todo equipo para trabajar en San José y con los recursos de los parques. Nesecitamos que nos apoyen con comentarios como el suyo en redes sociales apoyando nuestro proyecto que está en estudio en la asamblea legislativa, nuestra lucha es muy decigual sobre todo porque los irresponsables que están destruyendo nuestros parques están protegidos por todo tipo de políticos,esta las leyes y los pobladores; empresas poderosas que quitan y ponen presidentes ( Dos Pinos) alcaldes corruptos y más.

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