Voces Vagamundas/ octubre 2, 2017

 

«Cuando regresamos a las montañas y nos reencontramos con nuestros pueblos, fusionamos las dos órdenes y las convertimos en una sola: luchar por construir nuestra libertad. Y acordamos que, si no era posible hacerlo en este mundo, entonces haríamos otro mundo, uno más grande, uno mejor, uno donde quepan todos los mundos posibles».

El Gato-Perro y el Apocalipsis. Enlace Zapatista.

 

Hurgando en textos que guardo por doquier y por años me encuentro con un texto hermosísimo de Galeano titulado La teoría del final de la historia: El desprecio como destino. Acá Galeano nos dice muy acertadamente que en América Latina los nuevos dueños de la Tierra nos han prohibido recordar la historia, y que, además, no contentos con esto nos han prohibido hacerla por lo que, entonces, solo debemos aceptarla. Justo pensando en la referencia de los nuevos dueños de la tierra pienso en el caso que actualmente se vive con los mapuches y el desplazamiento progresivo de sus territorios en la Patagonia por parte de la multimillonaria Benetton & Co., donde al parecer se ha olvidado que la cultura mapuche no es un invento de hace unos días, sino que esta es una cultura milenaria. Todo esto nos lleva a cuestionarnos sobre si este orden vigente puede llegar a ser el único orden posible o si acaso podemos llegar a recordar y a desmitificar la historia descontada, como la llamo yo a esa historia que está ahí, pero que nadie nos ha querido admitir por recelo sacralizado y que nosotros por pillos y vagamundos, como lo es sin duda Galeano, hemos cachado al vuelo sin tanto revuelo. Vivimos en los tiempos finales del capitalismo, nos decía Roque Dalton en su Libro rojo para Lenin, pero ¿quiere decir que sorteada esta etapa final podamos encontrarnos con otro mundo posible? ¿Uno consciente del desprecio de su destino?

Porque otro mundo es posible nos dicen los Zapatistas desde su lucha hermosa e indígena, pero este mundo particularmente debe ser uno tejido por la resistencia, la insurgencia y sobre todo permeado por la filosofía de la liberación  que precisamos sacar del baúl de los recuerdos. Enrique Dussel siempre tuvo la razón al decirnos que la alteridad nos era tan necesaria como la descolonización absoluta.

Otro mundo donde quepan todos los mundos. Esto es más que una exigencia, pues contar la historia una y otra vez no hace que la historia sea cierta. Nuestra mirada a la historia debe ser porfiada, recelosa y sobre todo debe caminar convencida de que otros mundos pueden toparse en cualquier calle y en cualquier esquina sin precisar de guerras, contrario a esto vamos cuesta arriba todos acorazados en el capitalismo sugestivo, creyéndonos el cuento del final de los tiempos.

Mundo Vagamundo...

En C.R., por ejemplo, vivimos en un país de paz, convencidos de la defensa del militarismo imperialista, convencidos de nuestra inagotable democracia bipartidista construida a partir del multilaterismo de nuestras relaciones, convencidos de que las democracias verdaderas del sur son dictaduras que merecen intervención militar inmediata, nuestra tierra nos calza ecológica, una excepción en la ya de por sí convulsa Centroamérica, según todos los buenos civiles. Abstraernos siempre nos ha parecido lo más acogedor y cómodo, pues en este país, como ha dicho Galeano, no se nos quita el derecho de mendigar las sobras.

Es por esto que lo nos atrae del nomadismo es la necesidad básica de abstracción de esa base identitaria nacionalista, pues nos encanta nimbar de éter el hermoso traje de apátrida que nos calza justo y que nos exonera de atragantarnos hasta el hartazgo de identidades patrióticas,  y que no se diga que no amamos y llevamos con nosotros al lugar donde nacimos (aunque por lo anterior dicho quede todo en susodicho), lo hacemos, lo que pasa es que si hubiesemos nacido en Rarotonga igual hubiesemos amado esa isla, lo mismo en Cuba o Kazajistán. La etapa final del capitalismo debe ser también la etapa final de las identidades nacionalistas.

El viaje nos permite vivir el sentimiento de sorpresa vital para que nuestro pensamiento siempre esté armando y desarmando ideas, construyéndose y contándose la historia descontada, y así nunca pueda acomodarse a nada que no sea verdadero y al mismo tiempo duradero, diantre vaya saber si logro explicarme, pero como dice Haroldo Conti; solo otro vago puede entender. Lo que sí puedo esclarecerles es lo dicho por Galeano en este texto: Este sistema enfermo de consumismo y arrogancia, vorazmente lanzado al arrasamiento de tierras, aires, mares y cielos, monta guardia al pie del alto muro. Duerme con un solo ojo y no le faltan motivos.

Raque… Vaga

Galeano Eduardo – La teoría del fin de la historia ,el desp

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