Voces Vagamundas/ octubre 17, 2017

  Desde lo estático de un edificio hasta la movilidad de un avión, autobús, carro o submarino se puede observar el mundo y razonarlo a través de una ventana; sin embargo, no todas las ventanas están abiertas, algunas permanecen cerradas la mayor parte del tiempo, otras restringen la visibilidad con cortinas y las más inhumanas se caracterizan por utilizar un candado para encarcelar toda sensación. Las ventanas virtuales del mundo informático nos convierten en robots y esa es la más absurda de nuestras realidades. Entonces, depende de la voluntad y la razón distinguir lo que se percibe a través de los cristales, romper el candado que no permite la salida, destruir el vidrio para escapar y dejarse guiar por un instinto básico de la existencia: la intuición.

  En ocasiones el cuerpo humano se puede comparar con un aposento en el que habita la esencia que identifica al ser: la energía. Esta voluntad que vive atrapada en la carne busca la liberación (una ventana) a través de los sentidos y el pensamiento. Por esa razón, quizás no sea acertado confiar en que la vista es la mejor facultad perceptiva para apreciar el entorno material e integral. Cada persona posee energía existencial que habita entre carne, sangre, huesos y demás, la cual es capaz de asimilar la realidad del mundo más allá que las propias facultades físicas. Los sentidos solamente son ventanas desde donde se mira la realidad, pero estos se empañan como los cristales y en ocasiones no permiten vislumbrar lo verdadero.

  Por medio de los sentidos percibimos lo que se considera real, así que la visión de los objetos a través de una ventana permite una mayor asimilación de la materialidad que constituye al mundo superficial. No obstante, otros aspectos como la brisa fresca del campo, el olor de las flores o del asqueroso humo de un motor, el calor que provocan los rayos del sol y muchos más, se agrupan dentro del gran conjunto de experiencias que se distinguen al acercarse a una ventana, y, que no precisamente, requieren de la capacidad que proporcionan los ojos.

  La naturaleza que caracteriza al comportamiento humano revela la necesidad del esparcimiento y la recreación. Las ventanas son una alternativa para la liberación de los sentidos, puesto que permiten la exteriorización de la energía corporal y el ingreso de las influencias exteriores del entorno inmediato. En el quehacer actual, la mayoría de seres son sometidos al estrés constante del encierro: las oficinas se convierten en prisiones, incluso la monotonía estacionaria y estática de una habitación se vuelve un suplicio ante la ausencia de una ventana por donde se filtre la luz y se renueve el aire que se respira.

  Una ventana permite un espacio de percepción que los sentidos naturalmente necesitan para distraerse y relajarse. Este sitio se convierte en una alternativa para dejar fluir el pensamiento, ya que por la ventana entran los sueños que como luz se filtran en la mente de las personas, pero también por ella escapan. Se ventila el juicio y se refrescan las ideas, las cuales pueden volar lejos hasta atraer el recuerdo, arrastrándolo fuertemente hasta dejar su espectro en el marco de la ventana, junto al pasado, para así renovar las reflexiones con el presente, mientras que la intención queda atrapada en el aposento desde donde se percibe toda la realidad.

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  Las ventanas permiten que salgan y entren los pensamientos, los cuales están ligados fuertemente al instinto de la manera en que las acciones. Este ánimo natural de todo ser vivo puede ser dominado, pero nunca destruido porque es parte natural de cada persona. Tal afirmación concluye que la humanidad vive insatisfecha al no poder corresponder equilibradamente a los instintos comunes y algunos tan bajos como el deseo de muerte y guerra, que lamentablemente no pasa de moda en todas las ventanas en que he mirado y en todas las generaciones que nos anteceden.

  Finalmente, todos los grandes sistemas del conocimiento humano son ventanas abiertas. Grandes y desconocidos personajes de la historia se centraron en comprender conceptos tan instintivos como ambiguos.  Muchas horas dedicaron a reflexionar acerca de la razón de las cosas y el porqué de lo simple y de lo complejo. Largas meditaciones para descubrir el cómo, cuándo, dónde y el porqué de los fenómenos integrales de la naturaleza. Anotaciones extensas sobre el significado de la existencia humana se han escrito en las letras de todas las culturas. Los magnos criterios de los chamanes, de las tribus autóctonas de América, así como de la herencia venidera en los pies y manos de una Atenea enamorada de mortales. La memoria que nos han dejado Lao Tse, Sócrates, Aristóteles, Daniel, Mahoma, Jesús, Martí, Calufa, Mistral, Vaga, Schopenhauer, Nietzsche, Camus, Sartre, Beauvoir y Dostoyevsky, entre tantas otras ideologías que leí y que me vienen en ese orden, cada una es una ventana abierta al entendimiento, la cual siempre será útil mientras se quiera leer y se cerrará cuando la lectura no sea motivo de inspiración para las mentes dormidas.  Es por todo esto que la lectura es la mejor de todas las ventanas, porque permite la liberación integral de cada persona.

                                                                                                                                  Montalbo. El Mae

 

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