Voces Vagamundas/ noviembre 6, 2017

 

  A lo largo de toda Costa Rica es notable el crecimiento demográfico y lo que este repercute en el medioambiente. Tampoco hay duda de que las atracciones naturales son la fuente económica de muchas familias nacionales y extranjeras. De esta forma, la conciencia ambiental ha promovido una cultura más responsable y ejemplar en ciertos sectores sociales, la cual ha permitido un desarrollo equilibrado como el que debería darse en todas las esferas de la producción nacional e internacional. Por consiguiente, este texto muestra los alcances significativos que se pueden visualizar en las playas de Guanacaste, así como los retos que se deben superar para motivar la conciencia de las naciones.

  Costa Rica ha alcanzado una gran popularidad internacional en las últimas décadas; no obstante, esto conlleva también un grado de madurez como sociedad, porque se le vende una idea al mundo que no se cumple a cabalidad, esto fue parte de lo que ya se había escrito en el documento sobre El parque del Agua publicado por Voces Vagamundas hace unos meses atrás. Ciertamente, la presente reflexión no pretende criticar la realidad para poner en mal a nadie, sino que tiene como objetivo promover una educación conjunta en donde se puedan exponer las situaciones que nos perjudican y activar la libertad de expresión como medio esencial para alcanzar el cambio paradigmático que tanto le urge a nuestro querido planeta.

  Quizá muchas personas estén aburridas de leer información reflexiva acerca de los grandes problemas ambientales que sufre La Tierra, que el planeta azul se convierte en uno gris y que el rumbo concreto de nuestro viaje existencial es el caos. Sin caer en la exageración, lo lamentable es que esa información es cierta y por más aburrida que sea la realidad, cuando se le da la vuelta a la página para evitar toparse con la estupidez de la humanidad, se da uno cuenta que ignorar la realidad es igual de irresponsable que ser como todas aquellas personas que no mueven ni un dedo para limpiar el planeta, porque se sienten inmunes al cambio, ya que piensan que llegarán las divinidades a revertir los daños que se le ha hecho a los ecosistemas o porque serán salvos y llevados a otro planeta que, de ser cierto, seguramente sufrirá las mismas desgracias que padece este.

  Cerca de las hermosas playas de Costa Rica, se pueden observar a simple vista casas y más casas, edificios vacíos, construcciones a “medio palo” (sin terminar), proyectos arquitectónicos hechos para una burguesía (nacional e internacional) que ya compró la mitad de las costas costarricenses, que nunca pasan en estos lugares porque prefieren seguir llenando sus insaciables bolsillos y que atan su destino a las revoluciones sociales como las que suceden en la “desarrollada” Europa (España, por ejemplo) y que sucederán a futuro aquí, específicamente la ocupación ante la cual la legislación tiene más contradicciones que soluciones. A pesar de todo, el resultado es una energía social conflictiva que nace de la inequidad promovida por los grupos de poder.

Construcciones Flamingo

  Las playas de Guanacaste resumen lo que le pasa al país entero, su grito es desesperado y de auxilio. El dinero y el conformismo humano son criminales que pueden más que el razonamiento científico y espiritual que sí son capaces de evidenciar las consecuencias que significa para la humanidad el hecho de continuar con un estilo de vida tan autodestructivo. Así emergen estas preguntas, ¿cómo es posible que se construyan proyectos hoteleros y marinos para el deleite de vanidades?, ¿de qué sirve destruir la naturaleza y sus recursos  para sostener el valor material de las divisas cambiantes de este mundo?, ¿cuánto papel de divisas internacionales vale la riqueza de las costas y mares en Costa Rica?, ¿por qué existe tan mala administración ambiental de los desarrollos y proyectos arquitectónicos actuales?, ¿qué hechizo mágico poseen esos papeles que logra enloquecer las voluntades de los administradores del Estado?

  Simplemente no hay respuestas, porque quienes deberían darlas están muy ocupados gastando las ganancias que genera la venta de una Costa Rica. Las estructuras de hoteles y casas lujosas la mayor parte del tiempo pasan vacías y son un evidente desperdicio de recursos económicos tanto nacionales como internacionales. El daño que le provocan al medioambiente no tiene forma de ser pagado, pues esta es una deuda con la existencia de todos los seres vivos. Además, existe una clara anomalía en la forma de controlarse el crecimiento de la infraestructura cerca de los sectores que albergan recursos importantes de vida. Evidente ejemplo de esto se aprecia en las construcciones peligrosas y dañinas de Playa Flamingo, que atentan con la vida de especies animales terrestres y marinos, además de poner en riesgo la vida humana.

 

  Todas las personas son parte del daño ambiental del planeta, pero muy pocos se esfuerzan por arreglarlo. Lo peor es que quienes tratan de revertir los actos nocivos son invisibles ante la visión púbica. Por eso, el valor de los gobiernos locales es fundamental en el desarrollo equilibrado de los pueblos y en el reconocimiento de los habitantes líderes en estrategias de producción amigables con la naturaleza. En Guanacaste, por ejemplo, se puede asimilar una gran conciencia social en cuanto a la preservación y cuido de los recursos naturales en hoteles ecológicos, fincas, casas de habitación y comunidades enteras; sin embargo, algunos períodos de gobiernos municipales han profanado la indiscutible necesidad de preservar la gran riqueza guanacasteca y nacional. Se han olvidado de exigir el cumplimiento de deberes ambientales y se han olvidado de otorgar educación ecológica en las poblaciones pobres y aglomeradas.

 

 

  En ese sentido, existen dos tipos de conductas humanas ante la naturaleza, las cuales se evidencian en las comunidades guanacastecas, particularmente, y en el mundo entero si se analiza a nivel general. Por un lado, se vale reconocer a las personas que son conscientes de la grave situación que amenaza al planeta y que se esfuerzan para no ser parte del problema. Por otro lado, se debe señalar a quienes no les importa la salud de La Tierra, es decir, los inconscientes o “valeverguistas”, como se le llama coloquialmente en Costa Rica a quien no le importa lo que sucede a su alrededor y que se preocupa esporádicamente si acaso por su bienestar.

  El primer grupo, que es el de las personas conscientes, está formado tanto de nacionales como de extranjeros. Ambos ven a Costa Rica como un paraíso a punto de convertirse en un averno ambiental. Y no es para menos, porque desde ya se pueden ver las consecuencias del descuido ambiental. Un ejemplo claro fue el investigado por el Servicio Ambiental de Salud Animal (Senasa), que en febrero de este año (2017) analizó la muerte de miles de peces anchovetas que perecieron en las playas de Abangaritos y Manzanillo en el Golfo de Nicoya. Las autoridades de la Universidad de Costa Rica a través de los resultados otorgados por el Centro de Investigación en Estructuras Microscópicas, señalaron a las altas temperaturas y la disminución del oxígeno como posibles causas.

  Además de lo mencionado, la vida marina mundial debe enfrentarse a los residuos químicos que arrastran las lluvias y que acumulan herbicidas, plaguicidas, aceites, combustibles y demás desechos que atentan contra todas las especies, esto sin contar con el plástico que forma islas enormes alrededor de todo el planeta y que ya no es un secreto para nadie. Ante estas lamentables situaciones es que muchas personas despiertan sus mentes y buscan soluciones, que por más pequeñas que parezcan servirán para darle una nueva oportunidad y esperanza al mundo.

  Desde luego, la lucha para cambiar el paradigma ambiental de la humanidad no es fácil, sobre todo cuando se tiene frente a los ojos tanto descuido. Aquí cabe mencionar el claro ejemplo de Playa Conchal y Playa Brasilito, dos destinos turísticos costarricenses que atraviesan un claro descuido social. Del lado de Conchal, se puede observar como los desagües de las infraestructuras inmediatas dejan salir sus aguas hacia la costa y se forman pequeñas lagunas de aguas nauseabundas. A esto se le suma la innumerable cantidad de basura que padecen todas las playas de la zona. En lo que respecta a Brasilito, la estética de las construcciones a la orilla del mar es deplorable sin mencionar que es ilegal, entre otros aspectos que tienen que ver con la negligencia y el deterioro de las relaciones turísticas de la zona. Existen baños públicos frente a la playa que no parecen tener ningún grado de preocupación por la salubridad. En suma, como si fuera poco el descuido, los carros pasan de Brasilito a Conchal por medio de la playa y cruzan un estero que suele ser utilizado como peaje informal por algún lugareño con los sentidos alterados. Años atrás era un limpio estuario que desembocaba sus aguas al mar, mientras que hoy se corre el riesgo de infección cutánea o interna.

 

  El segundo grupo, el de los inconscientes o “valeverguistas”, se forma con las personas que hacen posible todos los daños hasta ahora mencionados en diversos párrafos y artículos de esta página. La cuestión abismal y deprimente es que son un porcentaje muy grande de personas las que no tienen la más mínima conciencia de los daños que producen sus actividades comerciales en la vida de todos los seres, incluyendo la humanidad, y que tampoco trabajan para minimizar sus acciones nocivas. Por la importancia que tienen las costas en la sostenibilidad ecológica, las autoridades de todas las naciones deberían prohibir las construcciones cercanas a las playas y delimitar las inversiones a varias hectáreas alejadas de la costa, lo que garantiza también la protección de la vida humana ante las emergencias producidas por el cambio climático y las condiciones atmosféricas fuertes.

 Nadie cree posibles los cambios paradigmáticos, pero más de una voz ha dicho con sabiduría que la humanidad vale la pena y que su despertar es posible, por eso la naturaleza grita que es hora del cambio y de ser parte del eco. Los cambios positivos que demuestran fortaleza son sinónimos de evolución y aunque sean pocas las personas que han abierto la conciencia, el cambio ya inició. Solamente queda confiar que no sea demasiado tarde para sanar las heridas causadas a La Tierra y esperar que no sean mortales. Hoy alegra ver que también en Guanacaste existen playas que, a pesar de todos los retos ambientales, se enfrentan a estos utilizado estrategias novedosas y sencillas, regularizando la protección de los ecosistemas. Tal es el caso de Cabuyal en Liberia y Junquillal en Santa Cruz, donde se preocupan más por la creación de espacios libres de edificaciones para fomentar el esparcimiento tranquilo y natural de las playas. Se crean sitios de vigilancia de las playas, puestos con mesas, sillas y basureros para que las familias disfruten sanamente. Además, se han creado acuerdos legales y se han protegido zonas como el Parque Nacional Santa Rosa. Nuevas perspectivas económicas pretenden evitar construcciones innecesarias y dañinas para evitar más casos como los que suceden actualmente en el Golfo de Papagayo.

  Desdichadamente, estas magníficas iniciativas locales y playas de Guanacaste están sometidas a las presiones municipales para ceder espacios y permitir el negocio destructivo de la hotelería. Junto a esta realidad está la actividad pesquera, cada vez menos artesanal, que perjudica la vida marina a nivel general, pues en muchas de estas zonas permiten la pesca de arrastre y no es vigilada por las autoridades. Es usual que en estas playas se encuentren tortugas muertas que no han vivido la mitad de sus vidas y vale señalar que estas criaturas viven muchos años…

Tortuga muerta Junquillal

  El tratamiento de la basura y los residuos de aguas continúan siendo uno de los principales problemas ambientales en el mundo. En el caso de Costa Rica la industria hotelera e inmobiliaria está dejando ver sus efectos negativos en los ecosistemas y se suma a las contradicciones. Ahora es cuando se da uno cuenta lo fácil que es conseguir los estudios superficiales de impacto ambiental que respalden los permisos “legales”, sobre todo cuando se cuenta con tanto dinero. La representatividad costarricense a nivel internacional se ha jactado de ser un país de paz y un sitio hermoso de gente muy feliz con amplia conciencia ambiental, pero existen algunos que no piensan igual, tanto extranjeros como nacionales. Pues no se debe autoproclamar pacífico aquel país en donde hay más de cinco casos de enfrentamientos armados al día. No se puede exagerar ni mentir acerca de la felicidad con tanta desgracia ambiental, porque son muchos los inconformes y afectados.

  En conclusión, los retos que enfrenta el sector turístico, inmobiliario, hotelero y poblacional de la provincia de Guanacaste son muy grandes, pero no imposibles de llevar y sobrepasar por parte de una comunidad que siempre se ha destacado por poseer gente valiente que lucha hacia el frente, personas con pensamiento distinto y proactivo que han liderado cambios paradigmáticos y que cabalgan sin miedo. El grito guanacasteco se suma al eco del mundo que pide ayuda para cambiar de paradigmas. Las hermosas playas de esta zona permiten aventuras extraordinarias y vivir experiencias en armonía con el medio ambiente, pues son lugares perfectos para el descanso y los campamentos, así que ya sabe, si se acerca a estos sitios no olvide llevarse sus desechos y generar una energía igual de positiva como la que recibe.

                                                                                                      Mae, Montalbo.

 

 

Deja un comentario