Voces Vagamundas/ febrero 18, 2018

Todos los que teníamos que estar esa semana estuvimos ahí. No faltó ninguna persona, tampoco nadie sobró. Cada poetisa y poeta se presentó a su manera, ya fuera leyendo, declamando, recitando o gritando con la voz cargada de pura poesía. La intención de este viaje se cumplía y lo disfrutaba tanto que regresé al otro lado de la frontera con la ilusión utópica de vivir eternamente en un lugar y en un tiempo como el que ocurrió durante el XIV Festival lnternacional de Poesía Granada, esencialmente cuando nos abrazábamos los de la poesía vagamunda, sin más necesidad que la de compartir nuestros versos. Las sesiones de micrófono abierto iniciaban desde las nueve de la mañana al frente del Edificio de la Fundación Casa de los Tres Mundos y terminaban a las cuatro de la tarde, pero siempre las alargábamos más porque a las doce perdíamos dos horas en las que se detenía el evento, sucedía así para que todos nos fuéramos a almorzar, aunque muchos de los que llegaban no almorzaban porque no tenían dinero para hacerlo, pero sí tenían una voluntad enorme para poetizar aunque fuera con el estómago vacío. Las personas amantes de las letras se reunían desde temprano y se acomodaban en las sillas para escuchar la poesía. Los participantes de las audiciones se acercaban motivados y se anotaban en una hoja utilizada por los organizadores del evento para presentarnos. Yo primero escuchaba unos cuantos poemas antes de anotarme, así me motivaba y al mismo tiempo cargaba mi ser con la energía cósmica que se transmite naturalmente con la poesía en cada uno de nosotros cuando nos dejamos llevar por ella.

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Había mucho ruido en la calle durante esa semana o al menos eso me pareció percibir. Muchas eran las interferencias que se robaban el eco de la poesía en el festival, lo mismo sucede siempre en la mayoría de los eventos artísticos y culturales del mundo. Entre ellas me distrajo por ratos el sonido de las campanitas, que usan los carritos de helados; los celulares; la niñez y la adolescencia desorientada; los borrachos maleducados; los turistas sin respeto cultural, los automóviles; las motocicletas y el perifoneo, que irónicamente anunciaba el festival. Muchos otros distractores también participaban del evento. Sin embargo, yo trataba de concentrarme en las palabras y el sentir de cada cual, así fue como poco a poco la poesía siguió filtrándose por mi sentido auditivo hasta alcanzar mi esencia. Sentía la energía de quienes se acercaban tímida o audazmente al micrófono para soltarnos poemas a todos los que estábamos ahí.

Después de concluir cada sesión de micrófono abierto, muchos de los participantes nos intercambiábamos poemas y abrazos. Es parte de la poesía abrazar, convivir y dar afecto a las personas que se deleitan en la condición humana y en sus dimensiones trascendentales: la energía. Conocí mucha gente interesante y llena de sabiduría, porque esta se muestra en el grado de humildad y afabilidad de un ser humano. Aunque había una lista oficial de poetisas y poetas que fueron convocados al festival y que llegaron desde todas partes del mundo; los del micrófono abierto éramos los de la calle, aquellos “no oficiales”, los extraoficiales o los informales. Lo único que generalmente diferenciaba de los convocados de forma oficial eran cuestiones superficiales como el reconocimiento fomentado por la mercadotecnia y las casas editoriales (la mayoría, salvo los merecidos), el precio del hotel o mejor dicho hostel (para los de bajo presupuesto), el tipo de comida y la cantidad de veces que se comía (los que podían). También notaba diferencias no tan triviales como lo es el valor hacia el contacto con los estratos, que es enriquecedor y sublime siempre en cualquier acto de nuestra vida, esto sin importar dónde estemos y más aún si se trata de POESÍA. Lamentablemente, el ser humano cuando se llena de soberbia se olvida de lo esencial. No obstante, hubo un par de esos poetas oficiales que me calaron con sus palabras; mientras que todos los artistas que participaron del micrófono abierto me calaron integralmente y sin excepción.

Llegada la noche me iba con la poetisa vagamunda y proletaria (como le decía el amigo argentino que nos acompañó desde Costa Rica), ambos recorríamos la calzada de Granada, que es un espacio cargado de experiencias complejas. La mayoría de los turistas con sus falsas ilusiones de conocer el mundo han hecho de los sitios emblemáticos un circo mediocre, porque si realmente quisieran conocer un lugar empezarían por despojarse de sus engreídas máscaras de superioridad. Yo esto lo entiendo fácilmente, puesto que sé reconocer que en la dinámica del control mundial la idea de turismo no es otra cosa que el consumismo disfrazado de un viaje fantástico, que claramente no sucede. Lo que realmente significa viajar va más allá del mero acto de conocer y movilizarse, se trata de penetrar en las fibras internas de la sociedad y ser partícipe de sus dolores y problemáticas: el trabajo infantil de toda América Central por ejemplo, que se resume en la calzada por dar una imagen mínima de esta realidad; los perros aturdidos, que vagan sedientos y hambrientos, la ancianidad que mendiga a la luz de un turismo y una política hijueputa que ni siquiera da migajas. Todo esto lo meditábamos mientras comíamos alrededor de la calzada o nos tomábamos una cerveza, por eso muchas veces perdía el apetito y las ganas de emborracharme libremente.

Cuando vivimos la poesía, nos damos cuenta de que la humanidad padece y sufre mucho más de lo que podemos imaginar.  Esto es algo que jamás entenderán las personas que procuran el arte para alcanzar la fama y ser idolatradas como esos “políticos” con sus campañas, con su ilusoria idea de dirigir los asuntos que afectan a la sociedad.

He de concluir con un sentimiento que me quedó después de este viaje y es la gratitud. Gracias Nicaragua, gracias Granada, principalmente a todas aquellas personas que escucharon la participación del micrófono abierto durante toda la semana y apoyaron con su valiosa energía. Hubo días de mucha participación y otros sin público, pues a los poetas del micrófono abierto siempre se les resta importancia y se les olvida fácilmente. Gracias nuevamente a los que escucharon y cambiaron el paradigma, pues a ustedes se debió esa energía de acogimiento. Gracias a quienes poetizaron con ganas (oficiales y no oficiales), que quemaron sus cartuchos y que no se cohibieron por la crítica. Gracias por sus poemas acerca de la humanidad, porque de ella soy parte, gracias por sus poemas acerca de la naturaleza, porque sin estos poemas la vida se acabará más rápidamente. Les recuerdo que la poesía es la vida misma, un camino que no debe dejarse de recorrer jamás, porque este se extiende hacia el cosmos y permite trascender.

Danny, El Mae…

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