Yo siempre quise una casita de montaña que no tuviera paredes, que no tuviera ventanas, una casita sin vecinos ni ciudades ni calles ni aceras, solo un río insumiso que de vez en cuando enloqueciera y se llevara todo a su paso como todo buen río hace cuando se harta de ir tranquilito sin renegar de tanta mierda.

Una casita sin baño rodeada de árboles zumbones que boten todas las hojas sobre mi techo. Una casita solitaria sin muebles dentro, tan solo llena de telarañas y de abejones y de polilla cada noche, nido de serpientes y de guatusas.

Una casita lejos en medio de la nada, donde solo llegue el ruido de las chicharras y el canto de las piedras y de los grillos que entran como Pedro por su casa. Una casita vacía y melancólica repleta de recuerdos que no se queden quietos y salgan y entren y entren y salgan junto con los mapaches que no tendrán ninguna basura que escarbar.

Una casa como un camino, que lleve a todas partes y de todas partes venga.

Raque Vaga…

Por el arte

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