Vamos sublimando el eco de los rastrojos,

carentes de pausas,

desposeídos de despojos,

con la saliva llena de revoluciones pendientes,

sativos ante la noche fugaz de los días,

corroídos de esperanza hasta las muelas,

con la única necesidad de no necesitar,

sin más cánones que el de esta libertad irrefrenable

y nómada que nos hurga la sed,

el descontento, la rabia;

que nos envuelve en las letanías del caminante afuereño

y nos pone un nombre distinto en las sienes.

Vamos con el asco por la ciudad suficientemente encepado,

curtidos de manchas de sol,

con las tripas domesticadas

y la ropa potestativamente encallada en la piel,

sin mear fuera del tiesto o creer en falacias imperiales.

Vamos sin tierra discrepantes

con todos estos poemas sueltos resbalándose por los caños,

medioborrachos de surrealismo,

renegando de los ansiolíticos

y de la percha de embusteros.

Vamos moldeándonos los días con manos inexpertas,

con la delicia del vagabundeo a flor de piel,

desapegados del conformismo

y con toda la sarta de versos delante

guiándonos la duda

y arrinconándonos el ego.

Raque Vaga…

Poemario Sasañán la errancia del ser.